Una sesion de coaching en Catalyst Coach Academy

Lo Que Realmente Sucede Dentro de una Cohorte de Coaching

April 10, 202612 min read

Coaching, Formación ICF, Cohortes Pequeñas

Cómo se vive realmente formarte como coach en Catalyst Coach Academy

Una mirada honesta y detallada a lo que pasa dentro de una cohorte de Catalyst Coach Academy: desde los nervios del inicio hasta el momento en que empiezas a notar cambios reales en tu manera de acompañar a otras personas.

Por Jamie Slingerland, MCC & Ruthie Perez Slingerland, MCC

Cofundadores, Catalyst Coach Academy

Probablemente has pensado en esta decisión mucho más de lo que imaginabas al principio.

Sabes que el coaching es el camino que quieres seguir. Ya investigaste lo suficiente para entender qué significa la acreditación ICF, por qué la credencial importa y tienes una idea bastante clara de la inversión que implica. Pero hay una versión de esta pregunta que todavía no has podido responder del todo: ¿cómo se siente, en la práctica, atravesar una formación de coaching de principio a fin?

No la versión del temario ni la lista de módulos. Tampoco la página de “resultados” del programa. Nos referimos a la versión real: qué pasa en las sesiones, qué es desafiante de verdad, qué suele sorprender a la gente y cómo se ve ese momento en el que, de pronto, algo hace clic y empiezas a reconocerte como coach.

📌 Key Takeaway: De eso trata este texto: de contarte, con honestidad, cómo se vive, se practica y se integra el coaching dentro de una cohorte real de CCA, más allá de la lista de características del programa.

Nuestro modo de enseñar: práctica real en lugar de teoría infinita

La mayoría de los programas de formación siguen una lógica bastante conocida: una persona experta expone contenido, el grupo toma notas, acumula información y, si hay suerte, la práctica llega más adelante. El aula se reserva para “aprender” y el “hacer” se deja para después, cuando cada quien pueda.

En Catalyst Coach Academy damos la vuelta a ese esquema por completo.

Llegas a cada sesión habiendo trabajado ya el material principal por tu cuenta. No usas el tiempo en clase para que nosotros te expliquemos diapositivas, sino para algo mucho más valioso: conversar, practicar coaching en vivo, recibir retroalimentación directa y entrar en el tipo de aprendizaje que solo aparece cuando estás acompañando a una persona real y alguien con experiencia te muestra, en el momento, qué está pasando en esa conversación.

En la práctica, las sesiones se sienten menos como una clase tradicional y más como un grupo pequeño de personas comprometidas haciendo trabajo serio juntas. Hay más silencios de los que la mayoría imagina cuando lee la descripción del programa, más risas de las que uno esperaría en un espacio tan profesional, más incomodidad de la que casi nadie anticipa al inscribirse y, también, mucho más crecimiento del que la mayoría se imagina cuando paga la matrícula.

Nuestras cohortes son pequeñas por decisión pedagógica, no como un argumento de marketing. Este modelo sencillamente no funciona en una sala con cuarenta personas. Necesita que el profesorado conozca tu forma de hacer coaching, no solo tu nombre. Necesita que nadie pueda apagarse y desaparecer en la última fila. Y necesita que la retroalimentación sea tan específica que puedas reconocer tu propia voz en lo que escuchas, en lugar de recibir comentarios genéricos dirigidos al grupo entero.

💡 Pro Tip: Una cohorte pequeña crea el espacio seguro y cercano donde la práctica profunda y la retroalimentación directa se vuelven parte natural de cada sesión.

Antes de la primera sesión: entre la curiosidad y los nervios

Unos días antes de que empiece la cohorte recibes el material previo. Lo lees, te sientes razonablemente preparada o preparado y, sin darte mucha cuenta, vuelves varias veces a la pregunta del final. Ese trabajo previo en CCA no está pensado para llenarte de datos, sino para poner sobre la mesa lo que ya piensas, lo que traes contigo, de modo que llegues a la primera sesión con una postura propia y no con una página en blanco.

Es muy común que, antes de esa primera clase, aparezca una mezcla de entusiasmo y nervios. Vale la pena decirlo con todas sus letras, porque muchas descripciones de programas pasan por alto este punto. Vas a entrar a un grupo reducido, vas a hacer coaching a una persona de verdad y vas a ser observado mientras lo haces. Para la mayoría de los profesionales con trayectoria, ese no es un escenario cómodo de inicio, y sin embargo es exactamente allí donde comienza a moverse algo importante.

Desde nuestra mirada, esa incomodidad no es un obstáculo a resolver antes de empezar, sino el primer paso del trabajo profundo que vienes a hacer. Llegar con curiosidad, con ganas de experimentar y sin la presión de “tenerlo todo claro” desde el día uno cambia por completo la experiencia de esa primera sesión.

Las primeras semanas: aprender a hacer espacio en lugar de dar respuestas

En las primeras semanas suele pasar algo muy parecido con casi todas las personas: te das cuenta de lo mucho que quieres ofrecer soluciones, consejos, interpretaciones. No porque escuches mal, sino precisamente porque has acumulado experiencia, eres reflexiva o reflexivo y genuinamente quieres que la otra persona esté mejor.

Ese impulso no es un defecto de carácter; en otros contextos incluso ha sido una fortaleza. Pero en coaching se interpone en el camino. Por eso, en las primeras sesiones el foco está en aprender a notar ese impulso, a quedarte con él sin actuarlo de inmediato y a confiar en que la curiosidad genuina, sostenida en el tiempo, hace mucho más por tu cliente que cualquier respuesta brillante que puedas ofrecerle.

Esto no se queda en teoría. Suele aparecer en medio de una conversación de práctica. Estás haciendo coaching a una compañera o a un compañero, la sesión avanza bien, tu cliente dice algo que enciende todas tus luces internas y sientes el impulso casi físico de responder desde lo que sabes. En el momento en que lo haces, tu formador nombra lo que pasó. No con dureza ni juicio, pero sí con mucha claridad.

📌 Key Takeaway: Ese ciclo de práctica y retroalimentación, vivido en un grupo pequeño donde todas las personas están atravesando un ajuste similar, es el lugar donde empieza el aprendizaje de fondo. No es cómodo, y tampoco es algo que puedas obtener de una conferencia grabada o de un programa donde practicar es opcional.

El tramo intermedio: cuando empiezas a reconocerte como coach

Alrededor de la tercera o cuarta semana, algo empieza a acomodarse para la mayoría de las personas, casi siempre de manera silenciosa. Dejas de estar tan pendiente de cuál debería ser la próxima pregunta “correcta”. No es que hayas memorizado un modelo, sino que tu escucha se vuelve más profunda y menos ansiosa. Las preguntas dejan de salir de tu cabeza y empiezan a nacer de la conversación misma. El silencio ya no se siente como un vacío incómodo, sino como un espacio donde el cliente puede encontrar sus propias palabras.

No suele ser un momento espectacular ni cinematográfico. La mayoría lo describe con sencillez, con frases como: “De pronto me di cuenta de que estaba realmente con la persona que tenía enfrente. Dejé de ‘actuar’ el rol de coach y simplemente estaba haciendo coaching”.

Como practicas en cada sesión, en lugar de dejar la práctica para más adelante, las horas de vuelo se acumulan más rápido que en un programa tradicional. Y como el grupo es reducido, tu formador ya ha visto suficiente de tu manera de acompañar como para ofrecerte retroalimentación muy específica sobre tu estilo, en lugar de comentarios generales que podrían aplicarse a cualquiera.

A mitad del programa ya habrás sido observado haciendo coaching varias veces, habrás dado retroalimentación a tus compañeros y compañeras y, sobre todo, habrás tenido que revisar muchas ideas que traías sobre lo que significa “hacer buen coaching”. Para la mayoría, este tramo se vive como la parte más exigente y, al mismo tiempo, la más transformadora del proceso.

“Para muchas personas, el gran giro no es aprender nuevas técnicas, sino atreverse a soltar el control y confiar en la conversación. Cuando eso pasa, el coaching se vuelve mucho más humano y mucho más poderoso.”

— Ruthie Perez Slingerland, MCC

Así se ve, en la práctica, la retroalimentación en CCA

Vale la pena detenerse aquí, porque la manera en que se entrega retroalimentación en una formación de coaching puede cambiar por completo la experiencia de aprendizaje.

En CCA, la retroalimentación es estructurada, directa y está vinculada de forma explícita a los marcadores de desempeño de ICF. Cuando tu formador observa una sesión tuya y comenta lo que vio, no se limita a decirte qué le gustó. Te muestra, con ejemplos concretos, en qué momentos tu forma de intervenir abrió espacio para tu cliente, en qué momentos lo cerró y cómo se compara eso con el estándar de ICF que estás buscando alcanzar.

En muchos programas, la retroalimentación suena a algo como: “gran presencia, me encantó tu tercera pregunta”. En nuestro caso, es más frecuente que escuches algo como: “tu cliente estaba armando una idea importante y, en el minuto ocho, la redirigiste con una pregunta cerrada. Esto es lo que se perdió en la conversación y aquí tienes una alternativa que podrías probar la próxima vez”.

Como las sesiones son pequeñas, tus compañeros y compañeras han visto el mismo momento que tú. Esa observación compartida abre conversaciones muy ricas sobre el arte del coaching, sobre decisiones finas que tomas casi sin darte cuenta, y que difícilmente se dan en cohortes grandes donde los comentarios llegan por escrito días después.

La retroalimentación cercana convierte cada sesión observada en un salto de aprendizaje concreto.

Muchas de las habilidades que realmente marcan la diferencia en una sesión se construyen precisamente en estas conversaciones posteriores, cuando miras con calma lo que pasó y descubres matices que en el momento se te escaparon.

Hacia el final del programa: mostrar lo que sabes hacer

En las sesiones finales, el foco se desplaza de construir habilidades a demostrarlas de manera consistente. Esta diferencia es clave. Comprender una competencia y poder encarnarla una y otra vez en una conversación real son dos cosas muy distintas. El proceso de credencialización de ICF evalúa lo que haces en la práctica, no lo que sabes explicar en teoría, y todo en CCA está diseñado tomando eso en serio desde el inicio. Hacia el final, simplemente se vuelve más explícito.

Realizas sesiones completas de coaching observadas por el profesorado, envías grabaciones para revisión detallada y recibes retroalimentación estructurada en torno a una pregunta muy concreta: si lo que se ve en esa sesión está alineado o no con el estándar que necesitas para tu credencial, más allá de si la sesión fue “bonita” o “impresionante”.

Para la mayoría de los estudiantes, esta parte trae una claridad que las etapas anteriores no podían ofrecer por sí solas. Aparecen con nitidez tus fortalezas, los lugares donde ya tienes solidez y también el borde exacto de tu desarrollo, aquello que todavía estás afinando. Esa precisión suele ser mucho más útil que una sensación general de “voy mejorando”.

Lo que aquí sí pasa y lo que aquí no pasa

Nos gusta ser claros en este punto, porque ayuda a que cada persona evalúe si este modelo es realmente el que está buscando.

  • Si tu idea es mantener la cámara apagada, escuchar de fondo y absorber contenido sin involucrarte demasiado, este no es el programa adecuado. El modelo necesita tu presencia plena en cada sesión, no solo tu conexión a internet.

  • Si buscas el camino más corto y más rápido hacia una credencial, también somos la opción equivocada. La credencial de ICF que obtienes aquí es un punto de partida para tu desarrollo, no una meta final. Nos tomamos muy en serio el proceso de credencialización, pero creemos que la habilidad real de coaching importa más que el papel que la certifica.

Si lo que quieres es convertirte de verdad en coach — desarrollar la habilidad, la presencia y el criterio necesarios para sentarte frente a un cliente real y co-crear algo significativo — este programa está construido exactamente con eso en mente.

A real, non-AI, high-quality photograph of a small cohort of professional adults seated in a circle, actively participating in a coaching workshop or training session. The group is diverse and appears engaged and present, in a modern, comfortable room with simple furnishings.

Las cohortes pequeñas crean un entorno íntimo donde la presencia de todos impulsa el crecimiento.

Quienes mejor aprovechan esta experiencia suelen describirla como un espacio exigente y, al mismo tiempo, profundamente humano, donde las cohortes pequeñas y la presencia de cada persona hacen posible un crecimiento que se sostiene más allá del programa.

Antes de aplicar, conversemos

Somos una escuela pequeña y no tenemos la intención de convertirnos en una institución masiva. Cada persona que entra a una cohorte de CCA se suma a un grupo reducido que va a trabajar de cerca durante todo el programa, y eso hace que seamos cuidadosos con a quién invitamos a sumarse. No por exclusividad, sino porque este modelo solo funciona cuando todas las personas en la sala están realmente comprometidas con el proceso.

Si estás explorando si este programa es el ajuste adecuado para ti en este momento de tu vida profesional, preferimos tener primero una conversación honesta contigo. No hay discurso de ventas al final ni guion preparado. Nuestra experiencia es que eso ahorra tiempo a todos y da lugar a cohortes en las que cada persona llega lista para mostrarse por completo.

💡 Pro Tip: Esa conversación es gratuita, directa y está pensada para ayudarte a ver con claridad si este es o no el siguiente paso que quieres dar.

¿Listo para explorar si este es tu siguiente paso?

Te invitamos a hablar con nosotros antes de aplicar. Te diremos con honestidad si el modelo de cohorte encaja con dónde estás hoy y con el tipo de práctica que quieres construir.

Agendar una conversación · Explorar el programa

Si al terminar esa charla sentimos que CCA no es el lugar adecuado para ti en este momento, también te lo diremos. Nuestro objetivo es que el siguiente paso que tomes, sea con nosotros o en otro espacio, tenga sentido para tu trayectoria como coach.


Etiquetas

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Sobre los Autores

Jamie Slingerland, MCC & Ruthie Perez Slingerland, MCC

Jamie y Ruthie son Master Certified Coaches y cofundadores de Catalyst Coach Academy. Con una experiencia combinada de 10.500 horas de coaching, diseñaron CCA alrededor del modelo de aprendizaje que desearían que hubiera existido cuando ellos se estaban formando.

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